
Volvió a caer. A pesar de haberse jurado una y mil veces que no volvería a llamarle, Ana no pudo resistir coger el télefono y marcar el maldito número que tantos disgustos le había dado. Dos, tres y hasta cuatro tonos, pero Álvaro no contestó. Cuando ya se disponía a colgar, una voz femenina y sexy se oyó al otro lado del aparato. Ana, paralizada, dejó que el teléfono se deslizará de su mano hasta chocar contra el suelo. No había duda: era ella


1 comentarios:
mejor darse cuenta a tiempo para empezar de cero.
Publicar un comentario