Voy a echar de menos el olor a café recibiéndome por el pasillo a las 2.00 a.m; se acabaron las charlas de madrugada, los agobios nocturnos, las preocupaciones sentimentales y los kilos de galletas. Aunque hayamos ido cambiando el lugar, Paquillo y sus amigos nos han sido fieles día y noche. A la vieja usanza o haciendo uso de la modernidad, el café siempre ha estado igual de sabroso, aunque estoy segura que parte de esa sensación de ricura ha sido gracias a la compañía.
No sé como sabe el café italiano, pero te prometo que te lo contaré. Que nos hayamos tomado la última taza no significa nada, en cualquier supermercado hay botes esperándonos. Esto es solo un break en nuestras largas noches de café.

1 comentarios:

ladymandarina dijo...

lo bueno es que ahora tendrán un sabor más elaborado, el propio de un gran reserva, y que lo tomaremos sentadas en cualquier terraza de la Toscana, debatiendo acerca de la vida y arreglando el mundo. lo bueno es que seguirá habiendo café, Paquillo o Saimaza, natural por supuesto, con galletas tentadoras y con mucho que contar. lo mejor, es que seguirán siendo contigo.